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Eclipse solar

En el momento en que escribo estas líneas, aun queda un pequeño rastro de un eclipse solar. Es el tercero que veo en mi vida: 2 parciales y uno total.  La primera experiencia con un eclipse de sol la viví la mañana del 3 de noviembre de 1994.  Convaleciente aun por una neumonía cuando solo tenía 6 años de edad recuerdo haberme levantado de la cama a observar cómo sobre Santiago se alcanzaba ver un pequeño porcentaje de dicho eclipse que tuvo su franja de totalidad en el extremo norte de Chile, sobre Putre.  Recuerdo clarito escuchar en la televisión que el próximo sería el año 2010.  Así que esperé pacientemente.  Hasta que llegó el 11 de julio de 2010, y mientras España se alzaba con su primera copa del mundo en fútbol, sobre Isla de Pascua el día se hizo noche por unos minutos. A Chile continental la umbra ingresó en el extremo sur, a la altura de Aysén.  El problema es que en Santiago estuvo nublado ese día, así es que técnicamente no pude observar nada. La espera tendría que contin

Memoria (Parte 2)

¿Alguna vez les ha pasado que tienen la extraña sensación de que las cosas que guardan como recuerdos en su mente, incluidas las vivencias junto a otras personas, no pueden compartirlas con nadie más, y que esas cosas se van quedando atrás en la corriente del tiempo? A mi me pasa muy seguido.  Quizás ahora que escribo estas líneas me suena un poco absurdo, e incluso me temo que ni siquiera sé muy bien como plasmar lo que quiero decir, así es que si el presente texto presenta incoherencias, le ofrezco mis disculpas querido lector. Me encanta recordar cosas, vivencias propias o sucesos históricos, incluso me acuerdo de detalles y fechas que no tendría porqué recordar, datos que para muchos son intrascendentes.  Probablemente por lo mismo es que decidí en mi adolescencia escribir un diario de vida. Lo inicié a los 15 y seguí hasta los 24. También grababa muchas cosas en cassette, no solo canciones, sino programas de radio. En el colegio propuse la idea de hacer un anuario al finalizar la

Cuarentena #4

Han pasado 3 meses desde la última vez que fui a trabajar. Acogido, mientras tanto, a la ley de suspensión laboral recibo un porcentaje de mi salario, que por lo menos me permite seguir solventando los gastos básicos del hogar. Trato de no pensar mucho en el futuro. Para qué. La cuarentena ha traído consecuencias no solo en el ámbito de las relaciones personales, sino que las rutinas a las que estaba acostumbrado derechamente desaparecieron, o fueron reemplazadas por otras.   Hoy me ocurrió algo curioso: leí una noticia sobre una rebaja del 50% en en el pago del pasaje del transporte público para los mayores de 65 años, y por primera vez en mucho tiempo no pude recordar cuanto cuesta el pasaje de la micro y el metro.  Comúnmente esto es algo que le ocurre a gente que en su vida ha andado en micro, acostumbrados a moverse solo en automóvil. Entonces caí en la cuenta de que desde aquel 26 de marzo en que fui a trabajar por última vez no he vuelto a subirme a una micro o al metro. Aquel d

Cuarentena #3

Cuando comenzaron las medidas de prevención relacionadas con esta mugre de virus hace algunos meses, pasó por mi mente algo relacionado con las consecuencias sicológicas que tendría esto en nosotros.  ¿Cuánto tiempo transcurrirá hasta que dejemos de ver bichos en todos lados?  O sea, en estricto rigor siempre ha habido virus, bacterias y microbios a nuestro alrededor. Pero no siempre los tomamos en cuenta ni vivimos pendientes de su presencia.  Con ciertas medidas básicas de higiene bastaba.   Pero ahora la sensación paranoica de que todo está contaminado probablemente tarde un buen rato en quitarse.  El factor encierro hace lo suyo también.  Como dije en un escrito anterior, no me molesta particularmente quedarme encerrado un año entero en casa, ya que aunque es pequeña, me siento tranquilo.  Ahora bien, eso no significa que los que estén alrededor no estén afectados. Y ahí entra la labor de contención para, por lo menos, no caer en la desesperación.  La empatía con quienes lo están p

Cuarentena #2

Es increíble la cantidad de cosas que llegan por Whatsapp en medio de una pandemia.  Estoy incluído en algunos grupos, y diría que cada día llegan por lo menos 3 videos de duración diversa, aunque a veces son más.  Todos estos videos tienen algo en común: Nunca los veo.   A ello debo sumar la cantidad de audios que llegan en el mismo lapso en estos mismos grupos. Estos a veces los escucho y a veces no, según mi estado de ánimo del día, pero cuando decido reproducirlos lo hago al amparo del anonimato que provoca ser uno de los tantos integrantes de los susodichos grupos.  Si el audio es largo, normalmente pongo "play" y le voy dando saltos a intervalos variados de entre 15 a 30 segundos, como para captar el tenor de lo que se trata.  Normalmente son saludos para el día, o canciones, o mensajes supuestamente graciosos.  Probablemente me quedo corto, porque como digo, no siempre los abro y se van eliminados sin más (Aclaro que el trato es distinto cuando el audio viene de una

Cuarentena #1

A la fecha en que escribo estas líneas, llevo 3 semanas guardado en casa, sin ir a trabajar.  Se supone que, ya que no vivo en un sector en que se haya decretado cuarentena obligatoria, y la empresa donde desarrollo "todo" mi talento está en un lugar al que recién le levantaron la susodicha cuarentena, no tendría problema en acudir al templo del deber.  Pero me da temor el metro.  Trato de tomar mis precauciones, pero mientras mis prójimos no aprendan a toser hacia el codo y no hacia sus manos, la sensación (un tanto paranoica) de contagio seguirá ahí. Da un poco de lata ver que uno con suerte estira sus extremidades para ir a comprar pan día por medio al almacén de enfrente, mientras que otros hacen su vida social de los más campantes en la plaza que está fuera de mi casa hasta altas horas de la noche (y eso que estamos con toque de queda). El otro día en la pequeña fila para el pan escuchaba a dos vecinos decir que todo era invento del gobierno para intimidarnos.  Ayer oí

Bisiestos

Hace poco leí que si no existieran los bisiestos en nuestro calendario hoy, en la fecha en que escribo esto, estaríamos en julio de 2021. Es decir el calendario tendría una desviación de prácticamente un año y medio respecto al verdadero año solar.  A Julio César en 46 a.E.C. (a.c.) se le ocurrió la idea (me imagino que a sus astrónomos en realidad) de colocar días bisiestos.  El problema fue que el calendario juliano no era exacto: tenía un desfase de unos 11 minutos y 15 segundos respecto al año solar.   En un año esto no es nada, pero para 1582 esta diferencia llevaba acumulados 10 días de desfase.   Por ello, el papa Gregorio XIII instauró el calendario gregoriano, utilizado ampliamente en buena parte del mundo, y estableció que el 5 de octubre de aquel año (1582) pasaría a ser automáticamente el día 15 de octubre, transformándose así en el año más corto de la historia y así se corrigió el desfase.  Se estipuló que no todos los años divisibles por 4 serían bisiestos, sino que aquel